lunes, 29 de octubre de 2012





CUANDO CAMINES A DAMASCO (Julio 2006)
El camino a Damasco es una referencia de cambio. ¿Puede un hombre cambiar su vida mientras camina hacia algún lugar?  Un hombre llamado Pablo cambió radicalmente su vida en ese camino hacia Damasco. Emprendió el viaje con un objetivo que misteriosamente no alcanzó, aunque utilizó toda su energía, capacidades y enfoque para lograrlo, pero todo fue en vano.

Ese camino a Damasco fue inolvidable, la vida de Pablo tuvo un giro violento. Su corazón, que es lo que un hombre no logra cambiar por sí mismo, cambió. El camino a Damasco trunca una marcha en círculos. Pablo, podría ser cualquier hombre que carga con su vida sin dirección, en una afanosa y confusa búsqueda de sentido, aunque haciendo las cosas al revés. El empresario tejedor de lonas, llamado también Saulo de Tarso, se apropió de una misión deleznable: proteger de peligrosos conspiradores al imperio romano, que proclamaban el mensaje del Mesías resucitado, el Emmanuel profetizado desde tiempos antiguos.

De familia adinerada, culto, educado en la famosa escuela del maestro Gamaliel, con excelentes relaciones políticas, fariseo exitoso pero con un fuerte vacío interior, Pablo buscaba con intransigencia algo que ni siquiera entendía. Igual hoy, la búsqueda incesante de muchos no parece terminar. El mismo Adolfo Hitler, apóstol de la maldad, buscaba sentido para su vida matando judíos y llenaba de fantasmas su alma hasta ser el mismo, su propia víctima. Porque no es afuera el campo de batalla, es dentro de uno mismo donde realmente se deciden las grandes victorias.

Recalcitrante en su propia opinión era Pablo antes del accidente en el camino a Damasco. Era ciego y sordo voluntario, por lo que no podía ver ni oír acerca de Jesús el hijo de Dios. Estaba enfocado en buscar antagonistas. No sólo en los que creyeran en Jesucristo, sino en los que no pensaran como Él. Muchos hombres y mujeres mantienen una permanente batalla en sus hogares, cada quien atrincherado en sus propios esquemas sin poder dialogar acerca de sus vidas y necesidades, y caminan rumbo a Damasco como Pablo, probablemente sin saberlo a un encuentro inesperado que marcará su existencia.

El apóstol Pablo es aquel estereotipo de creyente que quiere avasallar a los que no comparten su ideología. En algún momento, personajes de la política parecen copiar el modelo de Pablo, cuando casi desean acabar con la existencia de la oposición y obtener una victoria total sin adversarios.

Pero Pablo, vivió una intensa y desagradable sorpresa camino a Damasco, quedar ciego intempestivamente, no puede ser agradable para nadie. A mitad de camino, Saulo había despedido a sus hombres enviándolos de regreso a Jerusalén y había seguido su camino solo, como muchos ególatras hoy quieren caminar. Y tuvo un encuentro con Jesús en la soledad del camino que cambió su vida.

Muchos hoy día caminan ciegos y son enemigos de su propia sombra. El Libro de Hechos de los apóstoles, narra que una luz cegadora, más fuerte que el sol, envolvió a Pablo, que cayendo en tierra oyó una voz que decía: Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?
Luego de ese encuentro solitario, Pablo jamás llegó a ser el mismo de antes. Porque un encuentro con tu Dios, te hace otro hombre. Tú dejas de ser ese pertinaz perseguidor de tu orgullo y tu soberbia, y ese afanoso diseñador de enemigos gratuitos, para ser nuevamente la obra perfecta del Creador. Cuando camines a Damasco —que significa el trayecto de tu vida—, sueña con la luz. Esa luz que cambió a Pablo, puede que te alcance a ti, y la misericordia de Dios provea una nueva perspectiva a tu existencia.

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