domingo, 28 de octubre de 2012

Ley y poder

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No es de Kafka la terrible historia de Nabot de Jezrel. No es ficción, aunque posee algunas semejanzas con su cuento Ante la Ley , donde el personaje muere irremisiblemente a sus puertas, sin poder acceder a ella. La ley siempre tiene un guardián celoso, pero no de su cumplimiento —parece decirnos Kafka— más bien el de impedirnos el acceso a ella. A la pregunta del campesino frente al guardián de la ley, si lo dejará entrar, el centinela responde: Tal vez, pero no por ahora.


¿Cuántas personas en el mundo han muerto porque sus propiedades despertaron la codicia y la envidia de otros? ¿Cuántas almas desprecian el sueño durante las noches, planificando de forma meticulosa la apropiación de bienes ajenos? El desdichado Nabot ni siquiera entendió por qué lo mataban. No tuvo tiempo para desenmarañar la trama que le montó su vecina Jezabel para robarle su finca.

Nabot de Jezrel había heredado una preciosa finca cercana al palacio del rey Acab, a la que éste le puso el ojo (1 Reyes 21). Le ofreció comprarla, pero Nabot no tenía ningún interés en venderla. Claro, el rey se enfureció y hasta se deprimió con la imposibilidad de obtener la ansiada propiedad. Cuando lo vio su mujer Jezabel tan triste y decaído, conversó con el y éste le contó la causa de su situación.

El orgullo de Acab estaba profundamente lastimado. ¿Cómo un ciudadano podía negarse a una solicitud del rey? Esto era imperdonable. Pero su mujer le dijo decidida: “¿No eres tú el Rey de Israel?, levántate y alégrate que yo te daré la finca de Nabot”.

Y Jezabel, una mujer inteligente para la maldad y además poderosa, urdió una terrible trama en contra de Nabot para despojarle de su propiedad. Escribió cartas a las autoridades y personajes prominentes del pueblo donde vivía Nabot y las selló con el anillo real en las que instruía incriminar a Nabot como transgresor de la ley mediante testigos falsos. Sentaron a la víctima delante de todo el pueblo, acusándolo de maldecir a Dios y al rey, lo declararon culpable y finalmente lo mataron a pedradas.

Luego de recibir la noticia de la muerte de Nabot de Jezrel la maléfica Jezabel dijo a su marido: “Ve y toma posesión de la finca que Nabot, no te quería vender. Éste ha muerto”. Al enterarse Acab de que Nabot había muerto, fue y tranquilamente se apoderó de la finca que le quitaba el sueño.

La pregunta clave es: ¿fue un robo legal? Sí, lo fue. Cumplieron con la ley siguieron los procedimientos, hubo una carta acusatoria con el sello real, se reunió a las autoridades judiciales del pueblo, se presentaron testigos (aunque falsos) y finalmente se declaró culpable al acusado y el veredicto fue la muerte a pedradas. La otra pregunta es “¿fue justa la causa?” No. El origen fue una conspiración para robar. La acusación fue falsa, las autoridades manipularon la ley y se prestaron a un proceso infame, utilizando testigos falsos.

Aunque la historia de Nabot es de casi 2,700 años atrás, el mundo no ha parado nunca de rechazar y luchar contra la injusticia. “Son guerras técnicas”, dicen los académicos del derecho casi con naturalidad. Pero el Dios de los cielos nos recuerda: “No sirven riquezas en el día del castigo” (proverbios 11.4).

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